Yo, mujer de veintiséis, arquitecta, juez y parte de la (de)generación del homo videns , con todo y que coincido con el Eyes of the skin de Pallasmaa y tomando en cuenta que la contemplación no deja de serme cosa seria como para O. Wilde: me declaro adicta al consumo del diseño. Con el debido respeto al Foro Experimental de Arquitectura y su eslogan, mi problema no radica en la frustrada voluntad de llevar el placer del diseño al más recóndito lugar de la tierra. Mi problema está en la frustración de no poder consumirlo del todo. Sí, sufro. Los aparadores de Barcelona me abruman con su exhibición de un agudo y envidiable sentido de coordinación. Y no profundizaré en mi iniciada obsesión por las sillas y las lámparas de diseño, que bastante me atormentan. A veces es más duro transitar por algunas calles y ver cómo el bolso de tus sueños cuesta tanto que ya ni le ponen el precio. Sí: la gente que consume alto diseño no pregunta cuánto cuesta una Patch Miu miu (by Prada, by the way…), sólo la toma y la paga con uno de sus plásticos. ¡Es que es injusto! No pido demasiado, hace mucho que Marc Jacobs pintó la raya y me dejó claro lo que no podrá ser para mí, solo que a veces las cosas se ponen de tal forma que lo crees posible y terminas sintiéndote ridículo. Hace unos días, camino del antiguo piso en que vivimos, entramos a una nueva tienda Nike en el Barrio Gótico. ¡Vaya trabajo de restauración! La tienda es una especie de Loft con intervenciones de interiorismo buenísimas. Y ahí están: los tenis de mis sueños exhibiéndose cual obra escultórica de arte conceptual, cada modelo aislado e iluminado como si fuese producto de un milagro. Claro, un milagro del diseño. Mientras tanto un DJ pinchaba en un escaparate, tomé cerveza, comí nueces y fingí ser una de las que se pueden comprar uno de esos modelitos. Y es que desde hace semanas deambulan en mi cabeza varias imágenes que resuelven mis necesidades básicas de vestimenta: cubrirme del frío, caminar cómoda y portar conmigo mis pertenencias. La idea de un bolso amarillo moztaza me estuvo torturando durante un par de semanas, hasta que ayer por la tarde me despedí de mis amigas, caminé por un callejón conocido y de repente (porque esto estamos de acuerdo debe tener un final al menos complaciente) estaba ahí: la tienda Blanco Accesories y en su interior el placebo que curaría al menos una de mis atormentadas ideas por tan sólo 4.99 euros. De cualquier forma alquien deberá convencerme de que los bolsos y los zapatos ya no caben en mi modesto armario. No, tú no, Llanes.
viernes, noviembre 07, 2008
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1 Comments:
Mejor no pases por ahí.
5:15 PM, noviembre 10, 2008
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