Cuando Jorge Drexler tuvo su fractura de escafoides en Bilbao se tomó la molestia de musicalizar su historial clínico. Nada extraño para un cantautor que además de músico es médico e hijo de un reconocido cardiólogo en Uruguay que de vez en cuando le revisa el corazoncito al abuelo de mi amiga Fer.
Traigo esto a colación, uno, porque estoy escuchando la canción en cuestión y dos, porque estoy enferma. Sí, otra vez. Y sin ánimos de que esto sea musicalizado solo pretendo desahogarme mientras Eme Llanes puede salir a intemperie -de apenas 6 grados- sin problemas.
La Doctora Martin guarda en su cajón, por la letra “G”, un folder con mi nombre y dentro de él dos hojas que contemplan tres consultas con periodicidad media de seis meses. Una amigdalitis, una laringitis y una rino-faringitis. Dolor de oído las tres veces. Congestión las tres veces. Lo que no pone el historial es el mal humor las tres veces, depresión las tres veces, ganas de ir a casa las tres veces. Luego llega Eme Llanes, me trae unas castañas asadas envueltas en un cono de papel periódico y el historial -el mío y el de la Doctora Martin- sucumbe a los efectos del calor, el aroma y el sabor que tal sorpresa genera en mí.
Eso sí que funciona con los enfermos. Eso o un chocolate o una llamada o una buena peli. Una, dos o tres veces.



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