bitácora cada vez menos personal

viernes, septiembre 26, 2008

Por qué, tanto perderse / tanto buscarse, sin encontrarse / Me encierran los muros de todas partes / Barcelona...
Te estás equivocando / no puedes seguir inventando / que el mundo sea otra cosa / y volar como mariposa / Barcelona...
(Giulia y los Tellarini)

Aquella tarde vimos Vicky Cristina Barcelona. Esa peli donde según la mitad de El País no se ve reflejada la ciudad. Que si dónde quedó el Catalán, que si por qué no aparecen los rateros de las ramblas, que si por qué ese flamenco tan ajeno de fondo, que si por qué tanto Gaudí y Miró si –y aquí va algo de mi cosecha- tenemos a Ferrater y a Picasso. Bueno, bueno… al final Woody Allen no busca eso, no hace falta ser demasiado listo. Aquí se ve plasmada otra cosa, eso que él sabe tratar con su característico humor y de manera tan brillante: el amor… o bien la polivalencia, contradicción, inconveniencia y/o ausencia de éste. Poca cosa, ¿no? Que en esta ocasión el escenario de fondo haya sido la ciudad en la que ahora vivo ha sido más que nada una afortunada casualidad. Al salir del Cine Icaria, uno de los pocos donde se pueden ver las pelis en su idioma original, llegó una televisora catalana a entrevistarnos. Eme Llanes salió corriendo víctima de su poco común pánico escénico, mientras que mi oculto carisma televisivo me dejó congelada frente a la cámara diciendo tonterías. De más está agregar el poco interés por ver la transmisión esa misma noche.
Para las críticas y todo tipo de calificativos está él. Yo, mujer de este mundo que delira por Bardem… Owen, Gael, Bale y Koch (así y en ese orden) lo único que puedo decir es que la peli es fair enough.