bitácora cada vez menos personal

lunes, octubre 31, 2005

Nadie mejor que él...

Para explicarnos la identidad del narrador de Las hojas muertas. Del enigmático yo dentro de aquél nosotros y todo aquello que la Jacobs vivió cuando niña dando testimonio a través de una voz colectiva sobre la vida de su padre.
Manuel le llamó La puerta cerrada en Las hojas muertas de Bárbara Jacobs o el testimonio de segunda mano.
Dentro de unas horas habrá mucho qué festejar ¿Quién se apunta?

sábado, octubre 29, 2005

De los disfraces más originales que he visto últimamente:
Paqueterito del Ley atropellado por un cliente.

jueves, octubre 27, 2005

Terror en la calle

Más que las colas largas, lentas y estivales. Más que el trato del burócrata que masca chicle y come torta. Más que mi próximo ex-jefe, bipolar y cuasi-nazi. Más que un jabón lleno de cabellos (de cualquier parte del cuerpo). Más que un sushi que tarda 45 minutos en servirse. Más que el fétido aroma de un baño y sus estragos del tandeo. Más que todo eso… No hay nada más espantoso, torturante, insoportable, nauseabundo y patético que el olor del humo saliendo del escape de un camión, trailer o automóvil. Ya ni la chingan!

domingo, octubre 23, 2005


Modernidad abandonada

Por Aurora García

Existe en el Centro Histórico de Hermosillo un humilde edificio, rosa y descarapelado, olvidado por la cotidianeidad de los peatones y rechazado por los llamativos comercios. Era el Hotel Laval, un edificio que para los años cuarentas formó parte de la oleada de obras arquitectónicas modernas, impulsadas por la “Era de Abelardo”.

En aquella época la ciudad era un pueblo pequeño y había escasos arquitectos, procedentes de la Escuela Nacional de Arquitectura de la Ciudad de México. Para ese entonces la capital del país contaba ya con un antecedente arquitectónico de tendencias funcionalistas. Personajes como Juan O’Gorman, Mario Pani y José Villagrán comenzaron a utilizar nuevos lenguajes que señalaban un crecimiento económico y una arquitectura al alcance de todos, planteando valores que ahora reconocemos como parte del movimiento moderno: lo útil, lo verdadero, lo estético y lo social.

De ahí la formación de estos primeros arquitectos que, llegando a Sonora, quisieron implementar sus ideales modernos en un lugar donde todavía se encontraba la cultura del adobe. Uno de ellos fue el Arq. Gustavo Aguilar, mandado llamar por el Gral. Rodríguez para ocupar el cargo de Jefe de Edificaciones, lo que le dio la oportunidad de proyectar edificios de gran importancia para la ciudad.

La proyección del Hotel Laval fue una de sus grandes oportunidades, convirtiéndolo en el mejor hotel de los cuatro que había en esa época, que eran el Hotel Ramos en Centenario, el Hotel Kino en el centro y el Hotel San Alberto que se había quemado y en ese entonces no estaba funcionando. Su ubicación lo hacía aún más atractivo, ya que estaba a sólo una cuadra de la calle de mayor actividad: la Calle Serdán, donde se encontraban las mejores tiendas, consultorios médicos, bancos y todo tipo de servicios.

El programa arquitectónico incluía en sus áreas lobby, restaurante, bodega, lavandería, 54 habitaciones de 3.5m x 4.7m, montacargas de servicio, escaleras y elevador, siendo el segundo edificio de la ciudad en contar con uno, ya que lo ameritaban sus siete niveles que lo hacían sobresalir del horizonte. La altura de este edificio le da un carácter de importancia, aún en la actualidad, ya que en la zona sigue siendo de los pocos edificios de más de tres niveles. Las formas son elegantes y esa era una de las intenciones: lograr que el cliente se sintiera atraído al lugar aún antes de haber entrado. Los volúmenes son imponentes y la modulación de sus elementos lo hace todavía más agradable.

El lenguaje formal del edificio es totalmente sencillo, apegado y fiel a su estilo moderno. Está compuesto por dos alas que se unen en una esquina redondeada. En esta obra arquitectónica se repite la horizontalidad debido a los aleros que cubren las ventanas. Respecto a su lenguaje arquitectónico el arquitecto Jesús Uribe indica que: “…se parafrasearon ideas de la obra Ornamento y Delito, del arquitecto vienés Adolf Loos” considerando que la propuesta de Loos radica y recae en las teorías propuestas por la Bauhaus y el racionalismo moderno, teniendo como puntos destacables la modulación, la utilización de formas puras y el prescindir del ornamento para utilizar estrictamente elementos que tengan una razón utilitaria.

El hotel Laval es un buen ejemplo de logros formales que tuvo el movimiento moderno. Su concepto recae en la utilización prudente de elementos formales y en el éxito rotundo del binomio que parecería estar en conflicto pero que el Arq. Aguilar reconcilia: función + forma. Atendamos esta obra maestra, convertida en ruinas y abandono, que bien valdría la pena rescatar por sus valores artísticos, históricos y arquitectónicos.

(Publicado en Lídika 4, del ISC)

martes, octubre 18, 2005

Es increíble cómo pasan los días y, uno tras otro, nos saca la lengua y se ríe como el gato sonriente en el bosque donde se pierde Alicia, y tenemos que, primero, ponernos un dedo en los labios en señal de reflexión y luego con el otro rascarnos la cabeza cual síntoma de duda. Y así, decisión tras decisión, mostrarnos listos o absurdamente estúpidos según los resultados.
En muchas de las tertulias el polémico tema sobre qué es lo que mueve al mundo divide temporalmente amistades y grupos. Las tres respuestas predominantes son: Amor, Dinero y Sexo.
Es difícil saber a ciencia cierta cuál de estos tres ingredientes de la vida mueve al mundo, y más difícil aún es saber qué demonios me mueve a mí, o a ti.
Bien se podría dudar de la típica historia de la prostituta que, por amor a sus hijos, gana dinero teniendo inimaginable cantidad de sexo.
En estos momentos, como toda una Lola (la que corre, no la otra) si no alcanzo el semáforo cambia mi historia, si le echo otro sobre de canderel al café, si doy un no en lugar de un sí, si digo “no, pero puedo aprender” en un tono menos efusivo al que se debe.
Sé más o menos cómo es el camino, su color, la temperatura del ambiente, sé también con quién me podría encontrar en el transcurso, quién caminará a mi lado. Pero me revuelve el estómago, me invade el vértigo, me mata la mariposa mas inquieta del estómago, al no saber a dónde me lleva.

jueves, octubre 13, 2005

Abrazos para...

Laura. La muchacha de aquél español que le robó el corazón y del que, seguramente, porque la conozco, se acuerda más de una noche al día.
Ella representó un reto. Hacerme amiga de alguien a quien de entrada ya le caía mal tuvo sus dificultades. Sin embargo hoy tenemos un pacto y como único testigo mil cosas:
Un café, un concierto, una escuela, un edificio, un viaje, una arquitectura compuesta por vidas.
Ahora ella pertenece a sus sueños. Laura hoy es para mí la muchacha de aquellos cinco años compartidos y se me concede el privilegio de llamarle Laurin.
La sensible, la esotérica, la vegetariana, la empeñada Laurin cumple hoy un año más.

jueves, octubre 06, 2005


Aunque, a veces hasta el suelo es bello...

Algo jodida

Necesito cambiar de ritmo, de hábitos. Ya no soy la estudiante que se mantenía despierta con cocas light y café sobrecargado. El abuso de esos y otros ingredientes le están cobrando factura a mi cuerpo.
Recuerdo de niña, cuando me tocaba presenciar una plática de adultos, escuchaba palabras que no entendía y que formaban parte de su vocabulario usual.
Palabras como gastritis, colitis, callos, resaca, quistes, cólicos, infecciones, migraña o “retraso” me hacían ver lo aburrido y preocupante que se tornaría el ser adulto.
Hoy con quien hable por teléfono o me tome un café tocaré ese y otros temas.
Temas como lo mal organizada que estoy, lo seria que me he vuelto para cosas sin importancia y lo desenfadada que me muestro ante situaciones serias. Lo poco que duermo, lo mucho que fumo, lo … continuará, son horas de trabajo.

domingo, octubre 02, 2005

A la mitad de lo eterno:

Asumo el riesgo, te miro y planeo.
Si te falta una almohada, yo te presto mi pecho.
Y si no te amoldas a sus recovecos,
con la luz del día ya veremos que hacemos.
(I. S.)


Dos de octubre no se olvida,
ni te olvido a ti,
ni a nuestros seis meses,
ni a la oportunidad de ser feliz
permanentemente.

Dos de oscura no se olvida,
ni olvido el motivo o el pretexto
para aceptar un beso,
que en lugar de despedida
fue la bienvenida a la mitad de lo eterno.